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8 sept. 2009

Iñigo, ya brillas en el cielo

Os quiero contar una historia, perdonar si es triste,no es mi intención hacer daño a nadie solo pretendo hacer un pequeño homenaje a un perro que se llamaba Iñigo y a tantos y tantos que corren la misma suerte que el.
Iñigo fue un cachorro como otros que nacen de cruces de perros sin raza, de camadas no deseadas ;el fue un cachorro que tuvo una familia que le quiso, pero que un día se canso de el y abandono en una calle o quien sabe si en una perrera, porque es allí donde estaba Iñigo cuando le dieron otra oportunidad.
Vivió una temporada con su nueva familia, le querían, era feliz, pero poco duro la alegría y la mala suerte se cebo otra vez con él ; esta vez acabo en manos de un alcohólico que le maltrataba : yo solía acariciarle y jamas reaccionaba a las caricias como suelen hacerlo los perros que son felices;
Tenia 6 denuncias interpuestas en la policía municipal pero como siempre, se hizo caso omiso de ellas- que mas da si solo es un perro...
Cada día que este personaje se emborrachaba, el pobre animal se ponía a temblar, como esperando las paliza que le iba a propinar el desalmado.
El pasado domingo su dueño, lleno de alcohol una vez mas , metió al perro en el maletero de su coche; era tal el grado de alcohol que había ingerido, que hoy martes aun no sabia donde había dejado el coche con el perro dentro. Después de muchos avatares,hemos encontrado al pobre Iñigo asfixiado dentro del coche, como nos temiamos.
Quiero desde aquí, hacer un llamamiento a todos los que compran o acogen un perro en su casa sin pensarlo, sin tener en consideración, que ese ser es un mamífero, que siente la alegría, el dolor, el hambre y el frio como cualquiera de nosotros,que depende totalmente de los humanos, que es un ser indefenso y sin ningún derecho, que si se le abandona ,se pone triste y puede darse el caso de dejarse morir por la angustia que siente.
Por desgracia hay muchos Iñigos, quizás demasiados a los que a pocos nos importan y luchamos para que su muerte no quede sin el castigo que merece.
Iñigo desde aquí te mando un montón de caricias, todas las que te negaron en vida.

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